Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.2 Crónica 7:14.

JESUCRISTO


Nuestro Señor recibió el nombre de Jesús, según
las instrucciones que el ángel transmitió a José
(Mt. 1:21) y a María (Lc. 1:31). Dado en
ocasiones a otros individuos, este nombre podía
ser expresión de la fe de los padres en Dios,
Salvador de su pueblo, o también de su certeza de
la futura salvación de Israel. Impuesto al Hijo de
María, el nombre revelaba las funciones
particulares que iba a ejercer Su portador.
«Llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a
su pueblo de sus pecados» (Mt. 1:21). El título de
Cristo proviene del gr. Christos (ungido),
traducido del arameo M'shînã, del heb. Mãshîah
(ungido, Mesías). Así, Jesús es el nombre personal
de nuestro Señor, en tanto que Cristo es Su título.
Pero este segundo nombre se ha venido
empleando desde los primeros tiempos, lo mismo
que en la actualidad, como nombre propio, ya a
solas, ya en combinación con el nombre Jesús. En
este artículo se presentan, a grandes rasgos, las
etapas de la vida de nuestro Señor en la tierra, para
presentar los principales acontecimientos en su
orden probable y en sus relaciones mutuas.
I. CRONOLOGÍA.
Si bien no se pueden precisar de una manera
absoluta las fechas del nacimiento, bautismo y
muerte de Jesús, la mayor parte de los eruditos
están de acuerdo en su datación dentro de límites
muy estrechos. Nuestro calendario ordinario tiene
por su autor a Dionisio el Exiguo, abate romano
que murió antes del año 550 a.C. Él decidió tomar
el año de la encarnación como punto de referencia
que permitiera situar las fechas anteriores y
posteriores a la venida de Cristo; habiendo
identificado el año 754 de la fundación de Roma
con el año del nacimiento del Señor, pudo así
determinar el año 1 de la era cristiana. Pero las
afirmaciones de Josefo revelan que Herodes el
Grande, que murió poco tiempo después del
nacimiento de Jesús (Mt. 2:19-22), murió en
realidad algunos años antes de 754 de Roma.
Herodes murió 37 años después de haber sido
proclamado rey por los romanos, proclamación
que tuvo lugar en el año 714 de Roma. Así, la
fecha de su muerte fue el año 751 o 750 (no
sabemos si Josefo contaba las fracciones de años
como años completos). La fecha de 751 parecería
plausible, por cuanto Josefo informa que, antes de
su muerte, Herodes hizo dar muerte a dos rabinos
judíos, y que se produjo un eclipse de luna en la
noche de su ejecución. 

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La Armadura de Dios

Santidad

El NT emplea el término «hagios» que también en ocasiones significa separado, consagrado, puesto aparte (Lc. 2:23), pero con mayor frecuencia «puro». Ser santo es ser sin «mancha, ni arruga ni cosa semejante» (Ef. 5:26-27). Y en 2 Co. 7:1 se lee: «Limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios ». Nuestra santidad está estrechamente relacionada con la de Dios. «Habéis, pues, de serme santos, porque yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos para que seáis míos» (Lv. 20:26). Si este pasaje menciona la separación, también todo el capítulo habla de pureza de conducta.

La Salvación


Sólo a través de la fe en Jesús puedes ser salvo, y para recibir la fe, es por el oír la palabra de Dios. Debes de leer, de oír la palabra de Dios, de entrar en un clamor a Dios por un arrepentimiento, por un aceptar a Cristo en tu corazón como único salvador en tu vida, debes recibir la palabra de Dios en tu corazón hasta que se produzca un cambio, una transformación en tu vida que sólo la produce el Espíritu Santo en tu corazón para hacerte una nueva criatura, busca a Jesús, rindete a sus pies, recibelo en tu corazón y vida, no desmayes, clama con todo tu corazón a Dios amen.

Perseverancia

Bienaventurado el hombre que persevera bajo la prueba, porque una vez que ha sido aprobado, recibirá la corona de la vida que {el Señor} ha prometido a los que le aman. Santiago 1:12.

Pelea la buena batalla de la fe; echa mano de la vida eterna a la cual fuiste llamado, y {de la que} hiciste buena profesión en presencia de muchos testigos. 1 Timoteo 6:12.

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