Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.2 Crónica 7:14.

IDOLATRÍA



El culto a los ídolos ha sido practicado desde
épocas relativamente tempranas de la historia.
Sabemos que los antecesores directos de Abraham
adoraban, en lugar de a Jehová, a dioses extraños
(Jos. 24:2), indudablemente por medio de ídolos.
Labán tenía estatuillas («terafim») que Raquel le
hurtó (Gn. 31:30, 32-35). Se trataba de «dioses
domésticos», cuya posesión daba derecho a la
herencia.
Los egipcios, por su parte, adoraban a las estatuas
que representaban a sus dioses; en la parte más
santa de sus templos se hallaba el emblema de un
dios o de un animal divinizado (Herodoto 2:63,
138).
Los cananeos poseían ídolos que los israelitas
habían recibido orden de destruir al llegar al país,
entre los que se hallaban los baales y Astoret,
Moloc, etc. (Véase DIVINIDADES PAGANAS.)
El segundo mandamiento del Decálogo está
dirigido especialmente en contra de la idolatría
(Éx. 20:4, 5; Dt. 5:8, 9), prohibiendo inclinarse
ante imágenes, esculturas, estatuas, pinturas.
Los profetas de Israel, al estigmatizar y ridiculizar
la incapacidad e impotencia de los ídolos,
obedecían una orden formal del Señor (Sal. 115:2,
8; Is. 2:8, 18-21; 40:19, 20; 44:9-20; Jer. 10:3-5).
Esta impotencia de los falsos dioses se revela, p.
ej., cuando el arca de Dios es colocada en el
templo de Dagón (1 S. 5:3-5).
A excepción de los persas, todos los pueblos con
los que los israelitas entraron en contacto en la
época bíblica eran idólatras. En la apostasía de los
israelitas, al lanzarse a seguir las prácticas paganas
de sus vecinos, hubo dos fases características en el
hundimiento en el error. Primero se trató de adorar
a Jehová sirviéndose de ídolos para representarlo.
(Véase JEROBOAM, a.) En la segunda fase se
abandonó totalmente a Jehová, fabricándose
ídolos representando a otros dioses.
En la época del NT, los cristianos que vivían en
medio de comunidades paganas fueron exhortados
a evitar toda componenda con la idolatría.
El Concilio de Jerusalén ordenó la abstención de
toda carne que hubiera sido sacrificada a los
ídolos (Hch. 15:29). El apóstol Pablo advirtió a
aquellos cristianos que no daban importancia
alguna a los ídolos que también ellos debían
practicar esta abstinencia, a fin de no escandalizar
a los hermanos más débiles que ellos (1 Co. 8:4-
13). 

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El Diseño Original


Santidad

El NT emplea el término «hagios» que también en ocasiones significa separado, consagrado, puesto aparte (Lc. 2:23), pero con mayor frecuencia «puro». Ser santo es ser sin «mancha, ni arruga ni cosa semejante» (Ef. 5:26-27). Y en 2 Co. 7:1 se lee: «Limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios ». Nuestra santidad está estrechamente relacionada con la de Dios. «Habéis, pues, de serme santos, porque yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos para que seáis míos» (Lv. 20:26). Si este pasaje menciona la separación, también todo el capítulo habla de pureza de conducta.

La Salvación


Sólo a través de la fe en Jesús puedes ser salvo, y para recibir la fe, es por el oír la palabra de Dios. Debes de leer, de oír la palabra de Dios, de entrar en un clamor a Dios por un arrepentimiento, por un aceptar a Cristo en tu corazón como único salvador en tu vida, debes recibir la palabra de Dios en tu corazón hasta que se produzca un cambio, una transformación en tu vida que sólo la produce el Espíritu Santo en tu corazón para hacerte una nueva criatura, busca a Jesús, rindete a sus pies, recibelo en tu corazón y vida, no desmayes, clama con todo tu corazón a Dios amen.

Perseverancia

Bienaventurado el hombre que persevera bajo la prueba, porque una vez que ha sido aprobado, recibirá la corona de la vida que {el Señor} ha prometido a los que le aman. Santiago 1:12.

Pelea la buena batalla de la fe; echa mano de la vida eterna a la cual fuiste llamado, y {de la que} hiciste buena profesión en presencia de muchos testigos. 1 Timoteo 6:12.

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